Entonces, transformados en inhumanos aceptamos que los "buenos" matan a los "malos" y los "malos" asesinan a los "buenos", y aceptamos que nos hablen de libertad, de amarnos los unos a los otros (pero siempre y que sean entre los del mismo bando) mientras convencidos con hermosos discursos nos insensibilizamos ante la muerte de millones de personas que mueren de hambre, de frio, de enfermedades por las malas condiciones de vida que rayan en la inhumanidad y aceptamos con una indiferencia inaudita los bombardeos, las bombas atómicas, los campos de concentración, las torturas.

Se ha decidido inconcientemente que algunos merecen morir mas que otros , se ha decidido que la muerte de unos es más justa que la muerte de otros.
Se ha decidido que la muerte sensible es sólo la de nuestros pares. Y la verdad es que la muerte como la vida, no es ni buena ni mala, ni limpia ni pura, ni terrible ni genial, ni seria ni divertida, es sólo la ignorancia pura y simple.